lunes 4 de mayo de 2009

Cubrebocas de colores

Manuel Ureste
Como era de esperar, el cubrebocas ya llegó a la política. Y eso que el IFE (Instituto Federal Electoral), justo antes de que oficialmente comenzaran las campañas a las próximas elecciones federales del 5 de julio, hizo un llamado a todos los partidos a no sacar tajada política por la crisis de la ahora llamada ‘influenza humana’.
Pues bien, como también era de esperar, muy pocos fueron los que hicieron caso al exhorto de la que se supone es la institución encargada de vigilar que las elecciones se desarrollen en México de manera justa y sin juegos por debajito de la mesa de por medio.
Así en algunos Congresos de diferentes estados mexicanos ya surgió la polémica porque los cubrebocas eran de color azul, lo cual molestaba y mucho a unos, y provocó que el resto de diputados optaran también por llevar otros de diferentes tonalidades según la preferencia política, ya saben.

Sin embargo, el caso que más me sorprendió en cuanto al uso partidista de algo que se supone nada tiene que ver con la política, lo viví aquí, en Córdoba. A eso de las cero horas y un minuto del domingo tres de mayo (la fecha señalada para el comienzo de las campañas). Cuando uno de los candidatos –no diré el nombre ni el partido para ahorrarme la contestación al listillo que me acuse precisamente de partidista, aunque a mí la verdad, plín, yo pasaba por aquí sabe usté– ya se apresuraba a repartir un ‘kit sanitario’ con un cubrebocas, algo parecido a un supositorio, y un folleto ‘informativo’ en el que se asegura que el partido tal está muy “atento a la prevención y al combate del virus de la influenza”, y que, por supuesto, todo ciudadano tendrá su tapabocas porque el gran candidato los va a proteger de la pandemia mundial.

- “Es que como no hay en las farmacias, por eso lo hace, ¿sabe usté?”- alegaban los más molestos cuando les comentaba mis impresiones al respecto. Y quizá sea totalmente válido el argumento. Okey. No hay cubrebocas en las farmacias y el político, en una gran obra social y de servicio al ciudadano, se pone a repartir tapabocas a dos manos entre el pueblo que lo aclama. Estupendo. Requetechingón. En serio lo digo: es obligación de de nuestros líderes de traje y corbata y que tan bien nos representan y defienden nuestros intereses, velar por la salud de la sociedad, por nuestro bienestar y nuestra paz interior, incluso. De todo eso y más.
Sin embargo, creo que no es lo que un ‘candidato a’, con un mínimo de ética y ‘tacto social’, deba hacer durante su campaña. Y mucho menos en el minuto uno en que comienza su carrera hacia la diputación federal (digo, ¿y por qué no empezó a repartirlos antes?).
Y no es lo que un candidato debe hacer porque, oiga, para eso está el Ministerio de Salud y las diferentes instituciones sanitarias que pagamos con nuestros impuestos (sí, yo también los pago). O si me apuras incluso, para eso debería también estar el propio IFE, como institución con espíritu aparentemente neutral, en representación de los partidos políticos. Y así incluso, ahora llámenme iluso, los partidos se podrían unir y, ante la escasez de cubrebocas para la población, hacer un fondo para ayudar al pueblo sin nombres, ni colores, ni candidatos.
Pero claro, eso es demasiado pedir a nuestros líderes. Ya que no daría votos a ninguno en particular, y nadie, salvo el pueblo saldría beneficiado...

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